Casos sin indicación #2: De reducciones de pecho, cicatrices, miradas y trabajos

reduccion mamoplastia

Con esta serie de artículos me gustaría ejemplificar la filosofía con la que aplico la práctica médica en el campo de la Cirugía Estética. Lamentablemente son miles, millones de personas, las que creen (no sin cierta razón, todo hay que decirlo) que NINGÚN cirujano plástico dice NUNCA que NO a NADIE y que siempre lo intervenimos todo. Es decir, muchos creen que nos metemos a quirófano sin criterio propio, sin preguntar, sin pensar, sin sentir, sin nada…solo nos movemos por el aspecto económico.

Pues bien, no es así, al menos no en nuestra Clínica. No es nuestra filosofía. Es lo que nosotras llamamos “casos sin indicación” (el concepto de “indicación médica” puede tomarse como sinónimo de diagnostico y posterior tratamiento propuesto). Los personajes están difuminados o alterados para guardar

En esta ocasión os voy a contar varios casos de mujeres que llegaron a mi consulta en busca de una mamoplastia de reducción que en ambos casos me negué a realizar de forma tajante, sobre todo porque el resultado que preveía jamás iba a ser en ningún caso más bonito, proporcionado y estético que lo que la naturaleza (y su genética) ya les había dado de nacimiento.

En el primer caso, imaginaos: profesional del ejercito, valenciana, era desde hace 3 años mando medio destinada en Málaga. Como podéis presuponer, hablamos de una mujer fuerte, más cerca de los 30 que de los 40, atlética, preparada, inteligente y culta. Venía acompañada por su novio, también una persona bastante trabajada en el aspecto físico, con el que desde primera hora percibí ciertos problemas de incomunicación…o debería decir más bien de incomprensión. A los pocos minutos de consulta era evidente por la forma en la que hablaba de su trabajo que estaba algo “tocada” por estar rodeada en su profesión de hombres que la juzgaban todo el tiempo por el hecho de ser mujer.

Su talla de sujetador creo recordar que estaba sobre una 110-C, y su pecho era aún a su edad equilibrado, turgente, y de piel tersa sin apenas estrías (nunca había tenido ningún embarazo). ¿Podríamos decir que era un pecho modelo? ¿Un pecho que muchas otras mujeres ya quisieran para ellas? Pues completamente. Aunque ya sabéis que yo no creo que exista un sólo modelo de pecho, los hay de todas las formas, tamaños y colores y en todos podemos apreciar la belleza de la feminidad. El perseguir un modelo que a otra persona le sirve nos aleja de nuestra propia belleza.

¿Qué problema tenía entonces? Debido a su profesión, ella no quería esa talla, quería una menor. Las razones que daba iban desde que el ejercicio físico era más costoso, hasta que el uniforme le hacía una figura “demasiado femenina” y eso podía ser un inconveniente a la hora de “ganarse el respeto” o “promocionar internamente” en las Fuerzas Armadas. Estaba cansada de usar sujetadores de compresión y ya había decidido operarse. Su ímpetu y sus ganas chocaron contra mi indicación.

Le comenté aspectos sobre su anatomía, sobre su tono de piel y la relación que esto iba a tener con la cicatriz resultante, sobre que aplicar estas técnicas sobre un pecho con poco volumen no conseguía la mejor de las formas. Le enseñe ejemplos de otras pacientes que por sus tipos de pecho solían operarse. Senos cuyo volumen y ptosis (caída) no tenían nada que ver con los suyos. También hablamos de los aspectos psicológicos de su profesión, y también como a mi me han tratado algunos hombres durante muchos años por encima del hombro por ser de las pocas cirujanas estéticas que había en Andalucía. Pero no atendía a razones.

Ella estaba convencida de que con la intervención sus problemas se solucionarían, y yo intentaba darle motivos para que reflexionara. Al parecer, no me estaba ni escuchando, ya tenía la decisión tomada. Hay veces que hay apretar a algunas pacientes un poco más de mala idea para que reaccionen, por lo que justo antes de irse, temiendo que tras nuestra consulta iría de cabeza a otro centro médico a cumplir sus deseos, le dije: “Esa cara tan bonita que tienes después del quirófano seguirá siendo igual de femenina, y en el cuartel te van a seguir mirando “de esa manera”, como tu dices, ¿te la vas a tocar también?”.

El segundo caso que os quería contar es el de una chica sevillana, recién pasados los 30, camarera y encargada de noche del bar de uno de los hoteles más elegantes de la ciudad.

Su caso no era tan evidente como el anterior, la decisión era más compleja. Efectivamente estaba en la linea divisoria entre tener indicación de mamoplastia de reducción o no tenerla. Por una parte, su volumen era grande y su caída visible. Pero por otra la cicatriz que le iba a quedar iba a estropear seguramente todo el conjunto. Y es en este punto donde centramos prácticamente toda la consulta.

“Mira Eli (nombre ficticio) tu piel aún es tersa y joven, de color oscuro, gruesa y con dureza. Además que eres fumadora, estamos hablando de que tienes los ingredientes básicos para que se te quede una cicatriz antiestética, que incluso por los antecedentes que me has contado podría derivar en una de tipo queloide o con volumen en algunas zonas. Hay que tener en cuenta que en esta intervención prácticamente tenemos que “trocear” la mama en quirófano. No es tan así, pero para que tu me entiendas, debemos retirar tejido de ciertas partes y luego volver a dar consistencia re-anclando en otras zonas tras las que se generará una sutura en forma de ancla muy visible, por aquí” – Le iba diciendo mientras dibujaba en un folio las marcas que podrían quedarle.

“En otras pacientes con el mucho pecho más caído, puedo esconder la cicatriz por aquí abajo ¿Ves?. Y hacer que no sea tan visible, pero en un pecho como el tuyo, ten por seguro que va a ser quitarte el sujetador y dar una impresión de cicatriz con forma de ancla que…yo no lo veo Eli de verdad, yo te recomiendo que no lo hagas, no lo veo porque no te vas a gustar, tienes un pecho precioso. Por supuesto que la forma se quedará como tu quieres, de 10 ¿eh? no hablamos de la forma, te hablo únicamente de la cicatriz…”.

La posición de la areola y el tamaño de esta era otra de sus preocupaciones, quería reducirla (hacerla más discreta) y subirla algo de posición. Pero nuevamente no era ese el problema. El éxito de la intervención en cuanto a la reconstrucción de la mama estaba asegurado, para mi era caso super sencillo comparado con otros a los que me tengo que enfrentar, que suponen ciertamente un reto. Pero a la hora de dejar la huella de una sutura, no podemos hacer milagros.

Es complicado a veces conseguir que la paciente se cree la imagen mental que tu has visto por experiencia cientos de veces, por eso las fotos de antes-después que tenemos ayudan mucho a la labor. Lo que pasa que es complicado tener fotos a medio-largo plazo porque no son muchas pacientes las que vienen a la revisión (tenemos costumbre en España de ir al médico sólo si algo va mal, no cuando todo va bien).

Pero a veces ni las fotos de otras pacientes funcionan. Cuando la paciente se encuentra enquistada en una emoción de la que cree poder librarse con el bisturí, se ciegan y no ven los “contras”, sólo ven los “pros”. Creen que “no será para tanto”, aunque la persona que les está advirtiendo sea una cirujana especialista en reconstrucción mamaria…te das cuenta de como a veces la mente humana puede ser muy cabezota. Pero es que a veces también es muy complicado. A ella le pesaban más las constantes miradas que recibía cuando vestía el uniforme de trabajo, o cuando estaba en la playa. Es duro para mi a veces decir que no a ciertas pacientes, pero lo hago desde la tranquilidad de anticiparme a lo que será un descontento casi seguro con el resultado.

Cuando nos despedimos, ya sabía que no la había conseguido convencer. Era cuestión de minutos que pidiera cita en otra centro médico estético donde no le pusieran ninguna pega.

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